sábado, abril 09, 2005

El gasto farmaceutico, o el coste de la prescripción.

Debido a que la lógica se impone por barrios, hete aquí que se empiezan a tomar medidas como la de incentivar económicamente la prescripción de genéricos (en Castilla León). Los sindicatos van a la contra (es su sino), y en vez de aplaudir que se premie una buena práctica, critican no haber sido llamados a negociarlo. ¿No se debe proteger al que hace correctamente su trabajo, e incentivarlo? En vez de eso, hablan de coartar la práctica del arte de la Medicina a base de limitar la prescripción. Me temo que no lo han entendido: La libertad de prescripción está a salvo, la libertad de prescripción financiada es la que está limitada. Simplemente la Administración pagará por lo que cree más coste-efectivo. Hay que recordar que los genéricos solo representan el 6% del mercado farmacéutico nacional, gracias a la acción promocional sobre la prescripción de las marcas (y eso que se denomina eufemísticamente mercado ético), mientras que en otros mercados solo se receta el principio activo, no las marcas. Me hace gracia tocar el tema porque en el nº 100 de la revista de la Asociación de Antiguos Alumnos de ESADE alguien (que no se identifica) ha publicado un artículo que enfoca como camino para reducir los costes de la industria farmacéutica reducir el coste de la I+D, a base de la investigación sobre el genoma humano. Es como si para descongestionar las ciudades confiásemos en hacer habitables los desiertos: a largo plazo suena great, pero a corto es irse de la realidad cotidiana. Los datos son escalofriantes: desde 1999 la industria farmacéutica ha crecido un 60% en todo el mundo (de 15.000 millones $ a 24.000 millones $). El coste de cada nuevo producto en I+D lo cifra el Dr Ferran Sanz en 500 millones de euros y 10 a 12 años investigando (de mi paso por la industria me quedó -gracias a mi amigo David Soriano- que de cada 10.000 moléculas investigadas solo una llega al mercado). Es evidente que en un entorno regulado como España hay que lanzar nuevos productos periódicamente, porque la vida en el mercado cada vez es mas corta, la competencia mas dura y el público objetivo, perdón, el paciente receptivo: prefiere la pastillita a modificar su dieta o su estilo de vida, y espera la pastilla milagro (encontrada a menudo de casualidad, como el citrato de sidenafilo), y no percibe que el médico deba hacer otra cosa que recetar. Después no queda dinero para ampliar los recursos: se han fundido porque el paciente ha presionado para obtener las 11 recetas de media que existían cuando yo hacía ambulatorios. Para el médico es más fácil que dar una charla: sales antes del trabajo, y la industria te facilita la formación que el sistema no te aporta (y unos incentivos económicos en forma de fines de semana, comidas...). Es lo que hay... pero ¿hasta cuando?

5 comentarios:

The man from Madagascar dijo...

ESADE, ESADE...

Dr F dijo...

Como decia un gran comunicador catalán aficionado a las motos "quien pierde sus raíces, pierde su identidad". Lo cierto es que si te pagan por hacer bien tu trabajo, ¿qué mejor medida para frenar el fenómeno del burn out, y para hacer camino al andar hacia una carrera profesional digna en el ejercicio público de una profesión cada vez más acosada y mercantilizada? Alguien (no de ESADE) me decía que los médicos perdieron la batalla en el momento en que se hicieron trabajadores por cuenta ajena, lo que les hizo uno más de la tribu, no primus inter pares, el que tenía el don de sanar. En base a esto, si la batalla del prestigio está perdida, al menos no perdamos la guerra de la Dignidad, y busquemos que se premie al que aporta valor a la Sociedad, no al que ha crecido dentro de ella y le saca más recursos de los que realmente aporta. Es escalofriante que entre las profesiones más buscadas para contratar estén los médicos, porque esto significa que los contratadores los irán a buscar al mercado global, más allá de Madagascar... Pero esta es otra historia para no dormir que comentaremos en otra ocasión.

The man from Madagascar dijo...

Incentivos monetarios (¡la economía es algo más que el dinero!) por hacer algo que debería ser un atributo más de una actuación médica NORMAL: la interiorización del médico, por cuestión ética, del coste social de oportunidad.
Hummmm...! Algo no huele bien.
Entendería la incentivación a los médicos si su objetivo fuera disuadir a los pacientes de la inutilidad de algunas de sus "pastillitas". Así estaríamos mejorando realmente la salud (transformando eficazmente recursos en salud) y reduciríamos el gasto INADECUADO de farmacia. Claro, se necesitaría más tiempo de consulta, más tiempo para dedicar a los pacientes. Pero no. Seguimos optando por lo de siempre para reducir el gasto en farmacia, sin darnos cuenta que una función importante de la prescripción farmacéutica ¡es precisamente sustituir el tiempo dedicado a los pacientes!

Ya veremos qué responden los facultativos a esta oferta. Porque si la aceptan sin rechistar significa que aceptan incentivos por hacer lo que éticamente ya debieran estar haciendo y...... habría que revisar, entre otras cosas, el concepto de dignidad que al parecer deberíamos defender al haber perdido la primacía profesional.

Sí, yo soy un asalariado. Pero cada día dispongo de una chequera sin fondos de la que puedo disponer según mi antojo, y cuidado con aquél que ponga en duda mi saber o mi honestidad. No creo que haya asalariados como yo. ¡Menudo asalariado soy, trabajo por cuenta ajena pero gasto lo que quiero!¡Y además sin dar cuentas a nadie! ¡Y sin ningún tipo de riesgo financiero!

Pero claro como mi dignidad no debe tener mucho crédito me incentivan pecuniariamente para no hacer mal uso de mi chequera.

Hummmm .... algo huele tan mal que el hedor llega hasta Madagascar.

The man from Madagascar dijo...

Un artículo interesante y una llamada de atención e este que yo subtitulo benéficos
gringos, pícaros europeos
.

Anónimo dijo...

Frankly, any recommendation by ESADE is bound to be focused on just one thing - how to make money for big business at the expense of the rest of us.

The Jesuit-inspired business school is full of advocates of yet more privatization, less government, more "corporate responsibility" (which basically means whatever companies want it to mean), less regulation and so on. Put another way, ESADE is on the side of the pharmacy industry, not ordinary citizens.